El lugar está descuidado, abandonado. El habitante y responsable de este lugar salió hace mucho. Pero te contaré de cuando lo habitaba, de los días cuando el viento traía las cartas que recogía antes de que éstas cayeran al suelo, o las palabras que se hubiera susurrado o dicho en algún suspiro. Todo entraba por las grandes ventanas de este lugar, una torre alta sin color, desgastados sus muros por las tormentas que han golpeado cada punto de este lugar, excepto la parte alta, ni las olas ni el agua de la lluvia se ha colado. Nada se encuentra mojado.
Mi vista apenas alcanza horizonte, y leer se ha vuelto cansado, pero aún tengo un juglar en la memoria, que se divierte en palabras cínicas pero verdaderas, así que puedes confiar en que aquello que voy a contarte no lo vas a creer.
Ahí está en esta enorme sala el sillón, viejo, enorme, un color rojo opaco, por el tiempo y el sol, pero recuerdo que muy cómodo. En el suelo, si pudiera verse bien debajo de todos los papeles que hay en el piso verías un mosaico muy hermoso de un animal que desapareció hace mucho tiempo, antes de que alguien pudiera escribir cualquier historia, cuando la gente no había convertido las palabras en símbolo alguno.
Aquí no hay sirviente, ni compañía, no sé en qué parte del faro pueda estar, si es que todavía anda por aquí. Sacudo algo del polvo del sillón, y casi no tiene. Ya sentado miro la mesa y el asiento del cuidador, no quiero ver lo que hay encima, no todavía. Los dos cofres flotantes siguen en sus lugares, uno se mece en el aire, se quedó con la tapa abierta.
Bueno, todavía tiene mis historias favoritas en donde las dejé hace mucho tiempo: Historias de muchas patas. Con gusto te las compartiré, pero antes soñaré un poco, aquí he tenido mis mejores sueños.
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